jueves, agosto 24, 2006

Be who you are and say what you feel, because those who mind don't matter, and those who matter don't mind.

Dr. Seuss
Autor e ilustrador estadounidense (1904 - 1991)



jueves, agosto 17, 2006

Amanece

Los cuerpos se orientaban de levante a poniente dentro de los sacos de dormir; las cabezas al oeste, de tal modo que en la madrugada no había más que girarla para despedirse de una luna roja, casi llena, entre rocas apiladas y redondeadas por hielos de otra era.

Los rostros recibían la negrura de oriente, de modo que al despertar en el momento exacto, abrí los ojos con el amanecer más espectacular que hubieran visto dispuesto ante ellos:


El Yelmo, una gigantesca mole de roca, que se asemeja a la Vieja Morla, de laderas pulidas por los incansables dedos de un glaciar ya extinto, a la izquierda. A la derecha, un roquedal también imponente pero apenas un ratoncillo en comparación con el Yelmo. Las enormes rocas apiladas y emergentes de la tierra convergiendo desde la Vieja Morla y el roquedal hacia el horizonte donde acaba la pradera, la nava que dejó el glaciar.

Allí donde los monolitos se hacen pequeños y la montaña se dobla para comenzar el descenso, la brisa desplegó un pañuelo de tonalidades indescriptibles.

El marrón más negruzco, en el horizonte, el marrón de los granos bien tostados de café, mutaba en ascensión hacia unos rojos cálidos y algo rosados que acababan por asemejar el color de una oscura y densa teja al rojo vivo o el de una rosa encendida por un fuego abrasador. Un color caldera que no era tal a causa de la ausencia del naranja, pero que por contra era un rojo amarronado cuya luz prendiera un Sol que aún no asomaba. Algunos vestigios de la sangre de los dioses entre tanto intenso rojo y rosado.

Si los rojos hubieran sido vino, la embriaguez hubiese durado por el resto de mis días. Si el marrón profundo se hubiera tornado café real, hubiese bastado para mantenerme en vela tantos amaneceres como aquellos que dormí en lugar de contemplar.

Y pese al vino, a la sangre, al café... pese al fuego, a las tejas y a las rosas... pese al rojo y al marrón... absolutamente indescriptible. Tan sólo unas imágenes grabadas en la mente, y más adentro, en el alma, que no puedo transmitir.

Sobre ese pañuelo tornasolado, de sedas y de tules ondeantes, no se alzaba aún el Sol sino Venus. Puro y blanco, con la luz de mil faros irradiando desde un Venus que aparentaba mayor que otras veces y que se deslizaba hacia lo alto por entre colores que o se sueñan o se descubren en las auroras. Se alzaba Venus, blanco y redondeado, con cuatro puntas de luz difractada. Puro y brillante, con el fulgor de un fuego blanco que sólo los druidas aprendieron a conjurar.

Para colmo, entre el marco de las rocas, las altas espigas doradas y salvajes de la pradera se mecían ante los colores del pañuelo con que el Sol quiso cubrir los hombros desnudos de Venus, rozando sus pliegues y maravilladas ante la luz del astro, convertido en auténtica y nívea estrella.

Venus, nunca te vi tan hermosa.

Alba, nunca tu blancura diera paso a un despertar más encendido e inconmensurable.


A vosotros, aquellos a quienes Morfeo quiso retener unos minutos más en sus reinos.
Me pregunto qué misterios os desveló en ellos para que a mí me concediera,
en cambio, tamaño amanecer.


Gaia

martes, agosto 15, 2006


¿Acaso un remolino de luz y energía? ¿A caso la hoguera más sorprendente de la Creación? ¿Las ninfas del fuego en enloquecedora danza entorno a un centro tan fantástico como ellas? ¿Los pétalos en oro batido de una rosa? Nada de ello, no.

Los espejos de oro de un telescopio de altas energías vistos desde dentro. Maravilla de la mano humana y de su esfuerzo y de su afán de superación.

A la vista de ello, no es de extrañar que pueda proporcionar algunas de las imágenes más fascinantes del Universo.

:)

Hermoso, ¿eh?


Gaia

viernes, agosto 11, 2006

La galaxia

Recorro libremente las mesetas
y comprendo que quedan esperanzas
de que aquello que Tú modelaste con el polvo
pueda armonizar con las cosas eternas.

Los manuscritos del Mar Muerto
Contacto
Carl Sagan

jueves, agosto 03, 2006

¿"Así", cómo?

Aquel día le dijeron que hacía mucho que no le veían sonreír "así".

- ¿"Así" cómo? -se preguntó para sus adentros el personaje, todavía con la espontaneidad de su sonrisa en los labios.

Y, en respuesta al translúcido interrogante de sus ojos, puntualizaron:

- Como la última vez que realmente te sentías pleno. Como la última vez en que todo estaba donde debía estar y tú estabas en el lugar al que te correspondía pertenecer en aquel momento. Como la última vez en que todo parecía cuadrarte, y las cosas sencillamente sucedían. Todo era tan natural que no podías evitar sonreír a cada piedra y a cada hombre, con una comprensión que sólo es fruto de la auténtica alegría.

Y entonces el personaje reflexionó cuándo y cómo había sido esa última vez, y la penúltima, y la anterior. Y descubrió mucho acerca de sí mismo y sobre el auténtico sentido de su persona.


Gaia