martes, febrero 20, 2007

Los almendros se van desgranando dulcemente,

se deshojan y se abren a la vida.

La hermosura y el aroma de la tierra

hechas flor por medio de la brisa

y de las yemas cuajadas del verano

de los rayos de sol de mediodía.

Se desvisten y quitan sus alhajas

de blanca y rosa seda envejecida

en sensual baile de pétalos y estambres,

abriendo paso al frutal vientre en su caída,

tras haberse trocado sus pendientes

en miel de almendros y fértiles semillas.