martes, julio 24, 2007

De cuando en medio del idilio el Hombre empieza a temer o de cómo el temor destruye las utopías


[...] los hombres, llevados por la ola de un inusitado progreso técnico, habían soñado con Utopía, un nuevo mundo libre de preocupaciones y de penurias. Los pueblos habían comenzado a tratarse como hermanos. Ya no se necesitaba ni siquiera un visado para viajar de un país a otro. Pero, después, se comenzaron a notar de pronto las diferencias, de las que uno creía tener que protegerse a toda costa. Además, no pocos pensaron que el propio pueblo disponía de una condición natural de señorío que debía reconocerse, por la fuerza si era necesario. Al mismo tiempo, las ciudades comenzaron a desbordarse de población y se convirtieron en caldos de cultivo de la criminalidad y de la decadencia de las costumbres.


Descripción del sentir europeo
a lo largo de las tres décadas
previas a la 1ª Guerra Mundial
El Círculo del Crepúsculo: el niño del siglo
Ralf Isau

sábado, julio 21, 2007

Puertas

Portalones impresionantes y grandes fanfarrias suelen ser heraldos de reinos y castillos de apariencia. Opulencia, desfiles, danzas y fiesta, una fina e incesante ducha dorada de sugerencias y alborozo; mas al final, en el fondo, en el centro del palacio mismo, tan sólo una sala amarmolada, fría, enferma...

Hay otra clase de puertas, más modestas, aquellas que casi pasarían inadvertidas si no fuera por su sencilla belleza... Esas cancelas, discretas, de materiales sin abolengo aunque con nobleza, que encierran dijes y tesoros inéditos... A veces tan sólo unas hiedras o grandes y tupidas ramas ocultando tras el follaje una secreta entrada; otras, un arco labrado en piedra; un vano con un batiente de madera arcaica en un olvidado callejón... accesos a mundos con los que más de una vez hemos soñado.

Y creo que encontré, discretos y casi olvidados, recónditos sin duda alguna, la antesala y el vano de Fantasía... una entrada al Laberinto de las Mil Puertas:



No dejéis de buscar vuestras propias puertas: dijes y tesoros nos aguardan ancestralmente tras ellas...

Gaia