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lunes, marzo 28, 2011

La mayor Luna de los últimos tiempos


Fotografía cortesía de Paco Bellido, tomada el 19 de marzo de 2011 en Alcalat de Espejo. Esta impresionante imagen recoge, en un paisaje privilegiado, la salida de la Luna llena sobre el horizonte a su paso por el perigeo (punto más próximo de la órbita lunar a la Tierra). Al encontrarse lo más cerca posible de la Tierra, la Luna se muestra más grande que en ningún otro momento de su órbita.

Podéis encontrar más imágenes astronómicas (de ésta y otras efemérides) y fotografías de viaje en la bitácora de Paco Bellido, "El beso en la Luna": 

martes, octubre 19, 2010

Sobre el cielo nocturno

Desde siempre la humanidad ha mirado el cielo nocturno y ante la magnitud del universo se ha planteado profundas y trascendentales cuestiones. Precisamente pensamos que de la contemplación del cielo estrellado nació la ciencia. La filosofía, las matemáticas, la geometría, la religión, etcétera, tuvieron su origen en la profunda meditación a que invita la contemplación de un cielo oscuro y lleno de estrellas.

Saberse situar en la dimensión humana gracias a la contemplación del universo es un ejercicio más que saludable. Sin embargo, actualmente la ausencia del cielo estrellado desde nuestras ciudades nos instala en la mediocridad de una existencia poco trascendente ajena a nuestro verdadero entorno cósmico. 

Viviendo en una gran ciudad, los estímulos para meditar sobre nuestra propia existencia quedan prácticamente relegados a un segundo término al no poder contemplar el firmamento como lo hicieron nuestros antepasados. [...] Cabe invitar a las nuevas generaciones a sentir el vértigo de la inmensidad y a maravillarse ante el firmamento estrellado, como una parte más del medio ambiente que debemos legar incólume.

Josep M. Trigo Rodriguez
astrofisico
  

jueves, mayo 20, 2010

El aria de Selinunte

Telón de terciopelo azul noche, proscenio de llanura desde el palco de una meseta. Figurantes: las luces bajas de una extensa ciudad en lontananza -azules, naranjas y blancas-; coro erguido y titilante de rascacielos menudos. Heraldo níveo, adamantino y venéreo. 
Ella, inmensa y colosal con su corona de dos puntas sobre su seductoramente ladeada cabeza... Diva creciente en su dorada aria final, hundiéndose lenta y grandiosamente en los brazos del coro y del horizonte... Su voz, regando de moscatel los transparentes cielos en un dulce y arrebatado ocaso lunar.
Gaia

sábado, agosto 22, 2009

El silencio se extiende a maravilla. Sólo el viento riza los oídos. Más temprano, ni siquiera eso: la contemplación del mundo, completamente amortiguada en su discurrir sereno. Montañas, su verde, el azul del cielo, las rocas ígneas y el silencio. Un paréntesis de vida plena que rima y se desborda al compás del tiempo.

A la par que el viento riza y corretea, el mar de nubes, algodonadas éstas, se desliza por sobre el azul vientre marino con la parsimonia de un amante regalado o con la de una sábana que se escurriera por el borde del horizonte. Los valles de la isla, replegados y estrechos como arrugas, se van cubriendo de sombras verde pino y doradas, mientras un Sol difuminado tiñe la neblina alta de colores mazapán, albariño y yema.

Poco a poco el Sol se esconde tras esa espuma de gotas suspendidas, medio grises, medio albaricoque, dejando traslucir insinuante su figura y hundiéndose en esa cama de nubes. La noche comienza.

Comienza con el trajín de unos pequeños seres que, a ratos, se creen muy importantes. Ajetreados, salen y entran, abren y cierran domos, aprestan sus instrumentos y comienzan a fotografiar el cielo crepuscular. Mas cuando el cielo se oscurece, la grandiosidad nocturna de éste les alcanza y les aturde, les admira y les embelesa. Y así, inevitablemente cada noche recuerdan la insignificancia de su existencia; comprenden que si sus vidas son insignificantes, tal vez su única oportunidad de trascendencia radica en algo más grande que ellos mismos. Vuelven, por tanto, sus esfuerzos a la ampliación denodada del Conocimiento. Sin embargo, la contemplación de esa misma panorámica oscura y estrellada, como lienzo azaroso de vacío y fuego ardiente, les recuerda que, pequeños ellos en la inmensidad del Cosmos, quizá el propio hecho de estar vivos, de caminar, de respirar, de oír y de ver, sea ya maravilloso. Quiza el ser representantes, parte íntima de la Vida, es un privilegio asombroso.

La noche se sucede, sosegada y silenciosa. La noche rueda, en un mosaico de constelaciones y estrellas, ribeteada de Vía Láctea. Profunda, tranquila, aterciopleada, montañosa. El firmamento, por su parte, misterioso, inspirado y silencioso.

Gaia

viernes, diciembre 28, 2007