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viernes, septiembre 16, 2011

La belleza del lagrangiano

Hemos aprisionado en estas fórmulas todos los posibles fenómenos del movimiento de la materia ponderable, desde los movimientos de los astros en el espacio infinito hasta las vibraciones elásticas de un diminuto sólido.


José de Echegaray, curso de 1912-1913
ingeniero, matemático, profesor universitario en Física e Ingeniería, 
premio Nobel de Literatura y político español (1832-1916)





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jueves, mayo 20, 2010

El aria de Selinunte

Telón de terciopelo azul noche, proscenio de llanura desde el palco de una meseta. Figurantes: las luces bajas de una extensa ciudad en lontananza -azules, naranjas y blancas-; coro erguido y titilante de rascacielos menudos. Heraldo níveo, adamantino y venéreo. 
Ella, inmensa y colosal con su corona de dos puntas sobre su seductoramente ladeada cabeza... Diva creciente en su dorada aria final, hundiéndose lenta y grandiosamente en los brazos del coro y del horizonte... Su voz, regando de moscatel los transparentes cielos en un dulce y arrebatado ocaso lunar.
Gaia

jueves, febrero 26, 2009

Pensamientos I


Y uno dijo: "Háblanos de lo que acontece en tu corazón ahora mismo".

Y él le miró, y su voz sonó como el canto de una estrella, y le dijo: "Cuando sueñas despierto, cuando estás callado y escuchas tu ser más profundo, tus pensamientos, como copos de nieve, caen revoloteando y arropan todos los sonidos de tus espacios con blanco silencio.

[...]

Y tal como aguardas la paz hasta que lo informe que hay en ti cobre forma, así las nubes se juntan y flotan a la deriva hasta que los Dedos Benditos dan forma a su gris deseo convirtiéndolo en soles y lunas y estrellas de cristal."


El jardín del profeta
Jalil Gibrán

sábado, mayo 17, 2008

Dime si esto es verdad...


¡Dime si esto es verdad, dime si todo es verdad!

Cuando relampaguean mis ojos, el nubarrón oscuro de tu pecho me responde como un trueno. Di, ¿es verdad que mis labios son dulces como el capullo entreabierto del primer amor voluntario? ¿Es verdad que el recuerdo desvaido de todos los mayos pasados está en mis piernas y en mis brazos? ¿Es verdad que la tierra se deshace en canciones, como un arpa, si la rozan mis pies? ¿Es verdad que el rocío cae de los ojos de la noche cuando vengo, que la luz de la mañana se alegra cuando me agarra el cuerpo? ¿Es verdad, es verdad, di, que tu amor iba solo, a través de los siglos y de mundos, en mi busca? ¿Es verdad que, cuando al fin me encontraste, tu deseo milenario halló la paz completa en mi hablar suave, en mis ojos, en mis labios, en mi pelo suelto? ¿Es verdad, es verdad, es verdad que el misterio del infinito está grabado en esta frente mía, tan pequeña?

¡Dime si esto es verdad, dime si todo es verdad!

El jardinero
Rabindranath T. Tagore

jueves, marzo 20, 2008

El jardinero


Inquieto estoy y sediento de cosas lejanas, y el alma se me abre en un anhelo de llegar al fin de las remotas vaguedades. Y tu flauta me llama penetrante, ¡oh, más allá sin nombre!, y yo me olvido de que estoy sin alas, preso en esta cárcel para siempre.

Rabindranath Tagore
El jardinero

lunes, diciembre 26, 2005

Y allí estaba yo, de pie, en la cumbre de la más alta de las montañas
y abajo, a mi alrededor, se encontraba el círculo del mundo.
Y mientras allí estaba contemplé más de lo que puedo describir
y comprendí mucho más de lo comprendido hasta entonces;
pues veía de un modo sagrado la forma de todas las cosas en el Espíritu
y la Forma de todas las formas,
como si estuviera unido, cual si fuera un único Ser.
Y contemplé cómo el círculo sagrado de mi pueblo
era uno de los muchos que componen el Gran Círculo,
amplio como la luz del día y como el fulgor de las estrellas en la noche;
y en su centro crecía un árbol majestuoso y florecido,
para cobijar a todos los hijos de una misma Madre y de un mismo Padre,
y vi que todo aquello era sagrado.

Alce Negro

viernes, julio 08, 2005

En la hora en que las flores nocturnas ofrecen su perfume


Estaba allí, solo consigo mismo, recogido, apacible, adorando, comparando la serenidad de su corazón con la serenidad del éter, conmovido en las tinieblas por los esplendores visibles de las constelaciones y los esplendores invisibles de Dios, abriendo su alma a los pensamientos que brotan de lo Desconocido. En aquellos momentos, ofreciendo su corazón, en la hora en que las flores nocturnas ofrecen su perfume, encendido como una lámpara en medio de la noche estrellada, esparciéndose en éxtasis en medio de la irradiación universal de la Creación, él mismo no hubiera sido capaz de decir lo que pasaba en su espíritu. Sentía algo que se lanzaba fuera de él, y algo también que descendía en él. Misteriosas relaciones entre los abismos del alma y los abismos del Universo.

Victor Hugo
Los Miserables