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jueves, mayo 20, 2010

El aria de Selinunte

Telón de terciopelo azul noche, proscenio de llanura desde el palco de una meseta. Figurantes: las luces bajas de una extensa ciudad en lontananza -azules, naranjas y blancas-; coro erguido y titilante de rascacielos menudos. Heraldo níveo, adamantino y venéreo. 
Ella, inmensa y colosal con su corona de dos puntas sobre su seductoramente ladeada cabeza... Diva creciente en su dorada aria final, hundiéndose lenta y grandiosamente en los brazos del coro y del horizonte... Su voz, regando de moscatel los transparentes cielos en un dulce y arrebatado ocaso lunar.
Gaia

sábado, agosto 22, 2009

El silencio se extiende a maravilla. Sólo el viento riza los oídos. Más temprano, ni siquiera eso: la contemplación del mundo, completamente amortiguada en su discurrir sereno. Montañas, su verde, el azul del cielo, las rocas ígneas y el silencio. Un paréntesis de vida plena que rima y se desborda al compás del tiempo.

A la par que el viento riza y corretea, el mar de nubes, algodonadas éstas, se desliza por sobre el azul vientre marino con la parsimonia de un amante regalado o con la de una sábana que se escurriera por el borde del horizonte. Los valles de la isla, replegados y estrechos como arrugas, se van cubriendo de sombras verde pino y doradas, mientras un Sol difuminado tiñe la neblina alta de colores mazapán, albariño y yema.

Poco a poco el Sol se esconde tras esa espuma de gotas suspendidas, medio grises, medio albaricoque, dejando traslucir insinuante su figura y hundiéndose en esa cama de nubes. La noche comienza.

Comienza con el trajín de unos pequeños seres que, a ratos, se creen muy importantes. Ajetreados, salen y entran, abren y cierran domos, aprestan sus instrumentos y comienzan a fotografiar el cielo crepuscular. Mas cuando el cielo se oscurece, la grandiosidad nocturna de éste les alcanza y les aturde, les admira y les embelesa. Y así, inevitablemente cada noche recuerdan la insignificancia de su existencia; comprenden que si sus vidas son insignificantes, tal vez su única oportunidad de trascendencia radica en algo más grande que ellos mismos. Vuelven, por tanto, sus esfuerzos a la ampliación denodada del Conocimiento. Sin embargo, la contemplación de esa misma panorámica oscura y estrellada, como lienzo azaroso de vacío y fuego ardiente, les recuerda que, pequeños ellos en la inmensidad del Cosmos, quizá el propio hecho de estar vivos, de caminar, de respirar, de oír y de ver, sea ya maravilloso. Quiza el ser representantes, parte íntima de la Vida, es un privilegio asombroso.

La noche se sucede, sosegada y silenciosa. La noche rueda, en un mosaico de constelaciones y estrellas, ribeteada de Vía Láctea. Profunda, tranquila, aterciopleada, montañosa. El firmamento, por su parte, misterioso, inspirado y silencioso.

Gaia

domingo, marzo 30, 2008

sábado, noviembre 03, 2007


Lago Montaña Fría durante el crepúsculo, Skarstad, Noruega

martes, febrero 28, 2006

Salto del Indio, Región de los Lagos


Aquí, hay más lugares donde la Tierra parece estar más viva. Donde parece respirar más profundamente y latir con más fuerza que allá, en casa.
Aquí el agua es agua y, el aire, aire. El tiempo transcurre al ritmo de la Naturaleza: diligente pero cadencioso.
Gaia

martes, enero 24, 2006

Provincia de Última Esperanza... Región de Magallanes

La Patagonia
es un extenso territorio virgen y salvaje,
aún en nuestros días.
No ha reconocido fronteras ni límites humanos,
Salvo aquellos que le ha dictado su propio espíritu,
Y no la política de dos repúblicas.

Desde el estuario del Río Santa Cruz por el Oeste
y el Golfo de Penas por el Este,
unidos ambos por una línea imaginaria,
hasta un Sur común en el peñón del Cabo de Hornos,
extiende sus dominios.

Es una tierra de extremos,
azotada por vientos despiadados
desde los lejanos días cuando el hielo se abrió,
para dar paso al verde arraigado a las rocas.

Tierra mágica, contradictoria,
cuyos peligros físicos no existen,
para dar cabida al mayor de los peligros:
los del espíritu.

Embruja con el juego de sus nubes
al vaivén de las grandes corrientes en las alturas,
los cielos tornasolados, los hielos eternos,
la vastedad de sus pampas,
el rumor de las aguas en los canales,
el lamento de sus bosques y
el susurro de un viento implacable.

Una tierra por descubrirse,
en la cual se desembarca con el pendón en la mano,
para tomar posesión de ella,
siempre y cuando así lo acepte.

Permanece como testigo
de una época de aventureros
en busca de un destino mejor,
cuyos lejanos habitantes
fueron cayendo ante la modernidad.

Sus cortos días de invierno en contrapunto
a las cortas noches de la época estival,
no olvidan la sangre que se regó
en los grandes valles,
uniendo a los soñadores y a los primeros.

Pero,
a pesar de todo…
en el corazón de estas vastas tierras:

(la) última esperanza…

Anónimo

martes, octubre 11, 2005


Unas suaves colinas verdes evolucionan hacia el mar en forma de oleaje.
Y una niebla ligera entristece el paisaje, hasta el punto de haber hecho verter lágrimas al cielo brevemente.

La mar abraza dulce y
espumosamente a la Tierra. Arropa y mece la arena hasta sofocar su llanto y adormecerla, dejándola sumirse en un sueño susurrante y rugiente, en espera de un tiempo mejor en el que despertar a los encantos del agua y de la Historia.