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domingo, agosto 24, 2008
viernes, junio 06, 2008
domingo, marzo 30, 2008
viernes, diciembre 28, 2007
martes, febrero 28, 2006
Salto del Indio, Región de los Lagos
sábado, enero 28, 2006
Galaxia M64, en Coma Berenices
martes, enero 24, 2006
Provincia de Última Esperanza... Región de Magallanes
La Patagonia
es un extenso territorio virgen y salvaje,
aún en nuestros días.
No ha reconocido fronteras ni límites humanos,
Salvo aquellos que le ha dictado su propio espíritu,
Y no la política de dos repúblicas.

Desde el estuario del Río Santa Cruz por el Oeste
y el Golfo de Penas por el Este,
unidos ambos por una línea imaginaria,
hasta un Sur común en el peñón del Cabo de Hornos,
extiende sus dominios.
Es una tierra de extremos,
azotada por vientos despiadados
desde los lejanos días cuando el hielo se abrió,
para dar paso al verde arraigado a las rocas.
Tierra mágica, contradictoria,
cuyos peligros físicos no existen,
para dar cabida al mayor de los peligros:
los del espíritu.
Embruja con el juego de sus nubes
al vaivén de las grandes corrientes en las alturas,
los cielos tornasolados, los hielos eternos,
la vastedad de sus pampas,
el rumor de las aguas en los canales,
el lamento de sus bosques y
el susurro de un viento implacable.
Una tierra por descubrirse,
en la cual se desembarca con el pendón en la mano,
para tomar posesión de ella,
siempre y cuando así lo acepte.
Permanece como testigo
de una época de aventureros
en busca de un destino mejor,
cuyos lejanos habitantes
fueron cayendo ante la modernidad.
Sus cortos días de invierno en contrapunto
a las cortas noches de la época estival,
no olvidan la sangre que se regó
en los grandes valles,
uniendo a los soñadores y a los primeros.
Pero,
a pesar de todo…
en el corazón de estas vastas tierras:
(la) última esperanza…
es un extenso territorio virgen y salvaje,
aún en nuestros días.
No ha reconocido fronteras ni límites humanos,
Salvo aquellos que le ha dictado su propio espíritu,
Y no la política de dos repúblicas.

Desde el estuario del Río Santa Cruz por el Oeste
y el Golfo de Penas por el Este,
unidos ambos por una línea imaginaria,
hasta un Sur común en el peñón del Cabo de Hornos,
extiende sus dominios.
Es una tierra de extremos,
azotada por vientos despiadados
desde los lejanos días cuando el hielo se abrió,
para dar paso al verde arraigado a las rocas.
Tierra mágica, contradictoria,
cuyos peligros físicos no existen,
para dar cabida al mayor de los peligros:
los del espíritu.

Embruja con el juego de sus nubes
al vaivén de las grandes corrientes en las alturas,
los cielos tornasolados, los hielos eternos,
la vastedad de sus pampas,
el rumor de las aguas en los canales,
el lamento de sus bosques y
el susurro de un viento implacable.
Una tierra por descubrirse,
en la cual se desembarca con el pendón en la mano,
para tomar posesión de ella,
siempre y cuando así lo acepte.
Permanece como testigo
de una época de aventureros
en busca de un destino mejor,
cuyos lejanos habitantes
fueron cayendo ante la modernidad.

Sus cortos días de invierno en contrapunto
a las cortas noches de la época estival,
no olvidan la sangre que se regó
en los grandes valles,
uniendo a los soñadores y a los primeros.
Pero,
a pesar de todo…
en el corazón de estas vastas tierras:
(la) última esperanza…
Anónimo
sábado, julio 16, 2005
El paso del tiempo
Con una imagen se intenta capturar algo tan inabarcable como el tiempo.Con una fotografía, se intenta capturar la espera y el transcurso. El instante y el intervalo.
La espera de la cortesana en la terraza, conectada con el discurrir de Cronos por medio de un teléfono y una conversación que rompe lo estático que había en su desayuno y en su asiento contemplativo.
El instante del segundero y de la persona que, tan sólo por un capricho del diafragma y del tiempo de abertura de la cámara, aparece en escena, en la margen izquierda.
El transcurrir del imparable tiempo en el andar del caballero de camiseta roja y del encargado de tren que se aproxima a nosotros por sus espaldas.
Por otro lado, la profundidad de la imagen por medio de los dos niveles que proporcionan el segundo piso y la toma de la imagen desde la altura recuerdan el carácter dimensional del tiempo, y su sentido dentro de un espacio de tres dimensiones. Puesto que el tiempo, sin un lugar en el que tengan lugar sucesos, carece por completo de significado. ¿Con respecto a qué podría transcurrir si no el tiempo? ¿Con respecto a sí mismo? Su sentido parece radicar precisamente en la existencia del cambio dentro del espacio, y así, el hecho de que el reloj, protagonista de la obra y de la tragedia, penda del punto de unión y ruptura de los dos niveles, completa la composición y da su fuerza a la fotografía.
Unión de las dos plantas el notario de Cronos en tanto que comparten tiempo, ya que no lugar. Testigo impertérrito de las vidas de viajeros junto a la columna que aporta la continuidad vertical entre los sucesos de arriba – ausentes, por un lado- y la actividad de abajo.
Y ruptura entre ambas pues convergen en él las líneas de la planta superior, mientras que él mismo pende por contra sobre la primera, como un aviso divino de la inminencia de su caída o, cuando menos, de la caída de los granos de arena, uno tras otro, imparables en el devenir del tiempo a causa de las leyes del Universo.
Mas, sin embargo, todo el lugar se ve envuelto por el bullicio, como en una pompa que se extendiera desde su foco primordial, para abarcar los confines del espacio, en tanto el tiempo y la expansión se lo permitieran. He aquí el hálito vital de Cronos.
Gaia
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